Estamos ya en el mes de Junio y el buen tiempo invita a pasar mucho tiempo al aire libre. Además, las vacaciones ya están muy cerca y seguro que en el campo o en la costa, sea cual sean las actividades que realicemos, estaremos expuestos muchas horas al sol.

La exposición al sol, además de darnos un bonito tono bronceado, tiene muchos aspectos beneficiosos, pero a su vez, una exposición prolongada puede producir quemaduras y a largo plazo envejecimiento de la piel, perdida de elasticidad, aparición de arrugas y manchas y, en el peor de los casos, puede ser el causante de la aparición de cáncer de piel.

Por ello, debemos saber disfrutar del sol a la vez que nos protegemos.

Para empezar este tema y entender cuándo hay que protegerse, con qué protegernos y qué medidas especiales tomar para casos sensibles como pieles especialmente blancas o niños, empezaremos por hablar de la radiación solar.

La radiación solar se compone de radiación visible, radiación infrarroja y radiación ultravioleta.

La radiación visible es aquella que el ojo humano es capaz de percibir, también llamada luz visible o simplemente luz. No tiene ningún efecto sobre la piel.

La radiación infrarroja, como su nombre indica, está en una frecuencia por debajo del rojo y no es visible. Es una radiación térmica y es la responsable que sintamos calor bajo la luz del sol. Por ejemplo, las lámparas infrarrojas de onda corta se utilizan para mantener la comida caliente en restaurantes.

La radiación ultravioleta (UV) a su vez se divide en tres tipos de rayos:

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  • UVA. Son los que tienen menos energía. Envejecen a las células de la piel y pueden dañar el ADN de estas células. Estos rayos están asociados al daño de la piel a largo plazo tal como las arrugas, manchas, pérdida de elasticidad pero también se considera que desempeñan un papel en algunos tipos de cáncer. La mayoría de las camas bronceadoras emiten UVA.
  • UVB. Tienen un poco más de energía que los rayos UVA. Estos rayos pueden dañar directamente al ADN de las células de la piel, y son los rayos principales que causan quemaduras de sol. Asimismo, se cree que causan la mayoría de los cánceres de piel.

 

  • UVC. Son UV de mayor energía, pero no penetran nuestra atmósfera y por tanto, no están en la luz solar que llega a la superficie de la tierra. La cantidad de energía con la que llegan a nosotros los rayos ultravioleta depende de varios factores:

Captura– La capa de ozono no deja pasar los UVC, permite el paso de tan solo el 10% de los UVB y del 100% de los UVA.

– Época del año: en primavera y especialmente en verano la luz solar cae perpendicular sobre la tierra con lo que hay mayor cantidad de energía por unidad de superficie.

– La hora del día: cuanto más alto esta el sol, mayor es su irradiación. Entre las 10 y las 14 horas se recibe el 60% de la radiación UV diaria.

– Altitud: la atmosfera actúa como filtro de los rayos UV. A mayor altitud, menor filtro. Con cada 1.000 metros de incremento de la altitud, la intensidad de la radiación UV aumenta de un 10 a un 12%.

– Nubes: la intensidad de la radiación UV es máxima cuando no hay nubes, pero puede ser alta incluso con nubes, ya que a veces la formación nubosa bloquea parcialmente los rayos UV, pero en cambio hay tipos de nubes que los reflejan, aumentando así la exposición. Lo importante es tener en cuenta que las nubes no son una protección a los UV.

– Reflejo de las superficies: diferentes tipos de superficies reflejan o dispersan la radiación UV en distinta intensidad; así la nieve puede reflejar hasta un 80% de la radiación UV; la arena seca de la playa, alrededor de un 15%, y la espuma del agua del mar, alrededor de un 25%.

Estar a la sombra reduce la radiación UV en un 50%.

El grado de exposición a la luz ultravioleta que una persona recibe depende de la intensidad de los rayos, del tiempo que la piel ha estado expuesta y de si ésta ha estado protegida con ropa o bloqueador solar.

Seguiremos conociendo más sobre cómo y qué medidas tomar para una correcta protección en el próximo artículo. ¡Te esperamos!