Hoy todos sabemos que el tabaco es muy perjudicial para la salud, pero no siempre fue así. Si retrocedemos en el tiempo vemos que fumar fue considerado un elemento de distinción social, muchas veces una estrategia de seducción muy utilizada en películas memorables de Hollywood, una reafirmación del carácter varonil (recordemos el jinete de Marlboro), una emulación a los adultos para los adolescentes o una actitud de rebeldía en determinados sectores juveniles. Incluso el tabaco había sido recomendado en libros de medicina por sus efectos tranquilizantes en el siglo XVIII.
Fue a lo largo de la segunda mitad del siglo XX que se evidenció de forma irrefutable que el tabaco es responsable de afecciones pulmonares como la bronquitis crónica, enfisema, cáncer de pulmón, cáncer de esófago, laringe, boca, vejiga urinaria, factor de riesgo cardiovascular, relacionado con la infertilidad y un largo etcétera.
Pese a que todos estos riesgos y consecuencias nocivas hoy son ampliamente conocidos, el tabaco sigue teniendo un número de consumidores enorme. O mejor diremos “adictos”.
La pregunta que surge inmediatamente es:
¿Por qué sabiendo a ciencia cierta los peligros del tabaco, hay tantos millones de personas que siguen fumando?
La respuesta es clara. El tabaco contiene una sustancia que es altamente adictiva.
La Nicotina
La Nicotina es un alcaloide que se encuentra en altas concentraciones en las hojas de la planta del tabaco. También se encuentra en cantidades muy pequeñas en productos habituales en la dieta como el tomate, las berenjenas, patatas, coliflor…
La nicotina no es la responsable de los efectos nocivos del tabaco pero es una de las drogas con más poder adictivo.
Llegado este punto es importante definir qué es una adicción: una adicción es un hábito de conducta o consumo peligroso de determinados productos, de los que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica o incluso fisiológica.
La razón por la que la Nicotina es tan adictiva es porque actúa sobre el cerebro produciendo varios efectos. Básicamente la nicotina activa los circuitos del cerebro que regulan los sentimientos de placer, también conocido como las vías de gratificación. Una de las sustancias químicas clave en el cerebro implicada en el deseo de consumir la droga es el neurotransmisor dopamina. La nicotina aumenta los niveles de dopamina en los circuitos de gratificación. Esta reacción es similar a la que se ve con otras drogas de abuso y se cree que es la causa de las sensaciones placenteras que sienten muchos fumadores. También actúa sobre el sistema colinérgico que es estimulante, sobre la serotonina que es un neurotransmisor que regula el sueño, el estado de ánimo, apetito y actividad sexual, y sobre la epinefrina (adrenalina) que actúa aumentando la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Para muchos de los consumidores de tabaco, los cambios a largo plazo en el cerebro inducidos por la exposición crónica a la nicotina resultan en la adicción a la misma y en definitiva al hábito de fumar.
Las características farmacocinéticas de la nicotina favorecen su abuso. Cuando se fuma un cigarrillo, hay una distribución rápida de la nicotina al cerebro, alcanzando su nivel máximo en los primeros 7 – 10 segundos de haber sido inhalada con el humo del tabaco.
Sin embargo, los efectos agudos de la nicotina se disipan rápidamente en conjunto con las sensaciones de gratificación asociadas, lo que hace que el fumador continúe dosificándose repetidamente a lo largo del día para mantener los efectos placenteros de la droga y evitar el síndrome de abstinencia.
Efectos de la Nicotina en el organismo
La Nicotina, además de estimular las vías de gratificación cerebral, tiene otro tipo de consecuencias:
- Disminuye el apetito (el temor a aumentar de peso hace que muchas personas no quieran dejar de fumar).
- Estimula el estado anímico y puede incluso aliviar la depresión menor (muchas personas experimentarán una sensación de bienestar).
- Incrementa la actividad intestinal.
- Incrementa la frecuencia cardíaca.
- Incrementa la presión arterial.
- Puede causar sudoración, náuseas y diarrea.
- Estimula la memoria y la vigilia (las personas que consumen tabaco con frecuencia dependen de él para ayudarlos a cumplir ciertas tareas y desempeñarse bien).
Como hemos comentado, la nicotina se metaboliza rápidamente de modo que la necesidad de una nueva dosis aparece a las 2 a 3 horas después del último consumo de tabaco junto con los síntomas propios de un síndrome de abstinencia.
- Ansiedad.
- Depresión.
- Somnolencia y problemas para dormir.
- Pesadillas.
- Tensión, inquietud o frustración.
- Dolores de cabeza.
- Incremento del apetito y aumento de peso.
- Dificultad para concentrarse.
Es indiscutible que abandonar el hábito de fumar es una de las mejores inversiones en salud pero a la vez muy difícil de llevar a cabo por la gran dependencia que genera la nicotina y que requiere, en la mayoría de ocasiones, de asesoramiento y ayuda externa especializada.
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